Cómo describir una mujer que se debate entre el amor de su esposo y las amenazas que hay contra ella y su familia. Cómo hablar de la esposa de uno de los mejores Policías de la historia del país, del General Oscar Adolfo Naranjo Trujillo, Director de la Policía Nacional. Su nombre es Claudia Marina Luque Peñalosa, nacida en Bogotá el 25 de noviembre de 1959. Es una mujer de 1 metro 70 centímetros de estatura. Mientras baja las escaleras de su casa, es evidente su elegancia y vanidad. De pelo claro, y un indudable gusto por la moda. Es una señora en todo el sentido de la palabra. Amablemente me invita a la sala de visitas de su casa.
Tiene una voz que demuestra su personalidad dominante. Es ella quien lleva las riendas de su casa. Es la encargada de distribuir el dinero, de ordenar a sus empleados, de tenerle al día los uniformes al General, de velar por los estudios de su hija menor (María Claudia) y por supuesto de hablar por medio de su Blackberry con su hija mayor (Marina), que vive actualmente en Nueva York.
Además de ser un ama de casa estricta y entregada, Claudia es la Presidenta de la Asociación de Obras sociales en beneficio de la Policía Nacional (AOS), con el fin fundamental de garantizar los estudios a los huérfanos de Policías. Es una de esas mujeres que no se deja obstaculizar por nada y que se ocupa de diferentes asuntos a la vez, con inteligencia y eficiencia.
Mientras conversamos, puedo detallarla. Su teléfono celular no deja de sonar. Apenada, se ha levantado dos veces a recibir llamadas. Su cotidianidad es agitada. Mientras ella trata de solucionarle el problema a cada persona que se lo requiere; yo doy una vuelta por su sala, viendo fotos familiares y toda la historia que va quedando registrada con el paso de los años al lado del mejor policía del mundo (título que recibió el general en 2010).
Es la hermana mayor de 3 hermanos y el motor primordial de su familia, pues a la corta edad de 9 años, su madre Marina, falleció a causa de un accidente automovilístico, dejándola a ella como la figura materna del núcleo familiar. Es además, hija de Ignacio Luque, Coronel retirado de la Policía Nacional.
Cuando habla de la Policía sobresale un tono particular en su voz. Con sentimientos encontrados, pero con su fortaleza característica, confiesa que aunque el costo familiar de estar casada con el jefe máximo de la Policía es muy alto, entiende lo que implica trabajar en esta institución, que desde pequeña conoce y adora.
Después de recibir una llamada de su esposo, la señora Claudia cuelga el teléfono con un inconfundible brillo en sus ojos. Se le ve enamorada como si fuera la primera vez que la llama el General. En ese momento me comenta con confianza, que el 4 de diciembre de este año cumplirán 30 años de casados.
“Toda una vida junto a Oscar. No creas que ha sido fácil, es muy duro vivir con su ausencia. Pero llamadas como estas, me reiteran que es el hombre de mi vida, el mejor esposo, el mejor padre. Parece como si fuera ayer el día que lo conocí, nunca ha dejado de ser ese hombre detallista y encantador”.
Ha pasado una hora y media. Hablar con la señora Claudia es un placer, tiene muchas historias que contar y además lo hace abiertamente. Ya en 3 ocasiones me ha ofrecido algo de tomar o de comer, es muy atenta y cordial.
Mientras conversamos, entra a la casa su mano derecha “Cárdenas”, uno de sus escoltas dentro de su esquema de seguridad. Lleva trabajando para ella más de 6 años. Con un tono respetuoso le pregunta: “señora Claudia, ¿a qué horas necesita que los carros estén acá? Es que mi capitán necesita saber el itinerario de hoy para acordar las rutas”. Ella me da una mirada que expresa resignación. Y con amabilidad le responde: “Cárdenas, no sé, estoy en una entrevista… dígale que en una hora o dos, no me interrumpan más, por favor”.
Tanto el General cómo ella no se sienten a gusto de estar rodeados de escoltas. Les parece terrible la gente que alardea con sus esquemas de seguridad. Ella hace que todos sus escoltas estén siempre vestidos de civil, así pasan más desapercibidos. En medio de risas, me comenta que por esta razón le encanta viajar: “Es invaluable la libertad de caminar sin 4 ó 5 personas detrás de ti”.
En este punto de nuestro encuentro, doña Claudia ya ha tocado diferentes temas que la caracterizan como persona. Desde hace 4 meses se dedica a hacer yoga, 3 veces por semana. Odia el cigarrillo, pero es adicta al chocolate. Es seria y tiene un carácter fuerte, pero se derrite con una mirada de su esposo. Les alcahuetea a sus hijas algunas cosas, pero no perdona las mentiras. Es educada y se le nota la clase, pero no tolera la arrogancia. Es muy amiguera, pero a la vez estrictamente reservada con su intimidad familiar.
Esta admirable mujer es como cualquier otra. Ha tenido que vivir momentos muy dolorosos en su vida. Sin ataduras, me cuenta que uno de los momentos más duros fue tener que mandar a su hija mayor a vivir por fuera del país.
“Cada día se sabía de más amenazas en contra de maris (Marina, su hija mayor), la tenían fichada. Nos llegaban reportes de que ya sabían su horario dentro de la universidad y los carros que ella usaba. La primera medida fue reforzarle la seguridad, pero eso no bastó. No podíamos condenarla a vivir rodeada de escoltas, fue muy difícil tomar la decisión pero son las pruebas que nos pone Dios, y prefiero tenerla lejos que corriendo peligro”.
Ha tenido que vivir en diferentes lugares del mundo. Argentina, Inglaterra, España. Dentro de Colombia, Santiago de Cali, Barranquilla y finalmente Bogotá. Pero la ciudad que más recuerda es Cali. Vivieron en esta ciudad en pleno auge del narcotráfico. El General en ese entonces era comandante de esa ciudad y estaba tras el caso del cartel de Cali. Ella recuerda mucho una experiencia que tuvo que vivir en “la sucursal del cielo” cómo la llama con cariño:
“Era un domingo por la tarde, a Oscar no le gustaba salir mucho porque Cali en ese entonces era muy inseguro y todos los días pasaban cosas terribles. Cayita (su hija María Claudia), Maris (su hija Marina) y yo queríamos ir al cine. Finalmente logramos convencerlo. Recuerdo que queríamos ver la película de Leonardo Di Caprio, “Atrápame si puedes”. Llegamos al cine de Unicentro, por fin estábamos teniendo un tiempo los 4 juntos. Hasta que llego otra familia, se empezaron a oír comentarios en el teatro. El jefe de nuestra seguridad de ese entonces, se le acercó a Oscar. Acababa de entrar a la sala el jefe del cartel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela (quien en ese momento no tenía orden de captura). Automáticamente se desató una disputa entre nuestros escoltas y los de ese mafioso, tuvimos que salir corriendo y hasta ahí nos llegó la película”.
Han sido muchas las amenazas que han recibido los Naranjo Luque, a ella se le quiebra la voz cuando recuerda esas difíciles situaciones por las que ha tenido que pasar su familia.
Rápidamente hago un cambio del tema de conversación y ella con su mirada me lo agradece.
Como presidenta de la Asociación de Obras Sociales en beneficio de la Policía Nacional, ha hecho una gestión sobresaliente. Los recaudos de sus antecesoras por lo general no llegaban a los 100 millones de pesos. El año pasado, por medio del evento más importante (Café por un futuro) que realiza esta asociación, la señora Claudia logró recaudar más de 700 millones de pesos. Indiscutiblemente, el recaudo económico más importante que ha logrado esta organización en años. Ella se toma muy en serio su rol dentro de esta organización social. Los martes y jueves en las mañanas, asiste puntualmente a las reuniones que ella preside con la junta directiva.
A pesar de ser una mujer con múltiples ocupaciones, doña Claudia también saca tiempo para sí misma. Es tradición con sus amigas (todas esposas de generales y coroneles), reunirse todos los martes por las tardes al habitual costurero. Además de tejer, toman onces, “echan chisme” y se toman la tarde entera para entretenerse. Es su momento de relajación y en donde se desconecta del mundo.
Trata de ir constantemente a su finca en Girardot. No hay un lugar en el mundo donde ella descanse mejor que en “El Paso”. Puede tomarse unos vinos con su esposo, leer un buen libro, hacer ejercicio y además dedicarle tiempo a sus matas. Le apasiona la jardinería.
“Señora Claudia llegó Emilia” le dice su empleada. Yo, sorprendida trato de descifrar quien puede ser Emilia. No ha mencionado ese nombre en toda la conversación. Ella mira hacia la puerta esperando con ansias. En ese momento, entra Emilia, su perra de raza sharpey que al parecer es la consentida de la casa. Con un cariñoso saludo Claudia la levanta del piso y le da un beso en la cabeza. Emilia ladra emocionada y trata de lamerle la cara. Me voltea a mirar y me dice: “llegó la bebé de esta casa, llevaba dos semanas por fuera”. Yo, confundida con la situación le sonrío sin saber que responder.
“A Emilia la compramos en Chipi Chape en Cali, esa es una historia muy simpática. Pero me va tocar contártela otro día porque tengo un almuerzo con Tutina de Santos y me gusta ser muy puntual…” saca su rubor de la cartera, se retoca y se levanta de la silla. Atentamente se despide de mí y sale de la casa.






























